Adaptación al cambio climático: Acuerdo de París

Adaptación al cambio climático: Acuerdo de París

Adaptación al cambio climático
La adaptación se refiere a cualquier acción que reduzca la vulnerabilidad y el riesgo de los sistemas naturales y humanos ante los efectos actuales y esperados del cambio climático, para moderar el daño y tomar ventaja de nuevas oportunidades.

Cuadernos de estudio- No.4

Por: Ximena Loría Espinoza

Artículo 7 del Acuerdo de París

Sobre la adaptación y desarrollo de resiliencia como pilar fundamental en la lucha contra el cambio climático.

Las medidas de adaptación al cambio climático se orientan a limitar los impactos, reducir las vulnerabilidades e incrementar la resiliencia frente al cambio climático. En este artículo te contamos todo.

¿Qué es la adaptación al cambio climático y por qué debemos priorizarla?

Para entender la  adaptación al cambio climático necesitamos primero conocer  el concepto de riesgo y sus tres componentes principales: amenaza, vulnerabilidad, y resiliencia. 

El riesgo se define como el potencial de daños o pérdidas en un punto geográfico definido y dentro de un tiempo específico debido a eventos físicos peligrosos de origen natural o humano. El riesgo es una función de dos variables: la amenaza y la vulnerabilidad

Una amenaza es la potencial ocurrencia de que un evento físico natural o antropogénico (causado por humanos) cause la pérdida de vidas e impacto en la salud de las personas, así como daños o pérdidas de propiedad, infraestructura, modos de vida, servicios públicos, ecosistemas y sus recursos. En el caso que nos concierne, las amenazas están representadas por la intensificación de los eventos extremos causados por el cambio climático como las olas de calor, las tormentas, los huracanes, las inundaciones y las sequías, así como por eventos de manifestación lenta como el derretimiento de los glaciares, la acidificación oceánica, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y bosques, la desertificación y el aumento del nivel del mar. 

La vulnerabilidad es la condición intrínseca o predisposición de ser impactado por un suceso que representa una amenaza y está definida por una combinación de factores físicos, sociales, económicos y ambientales. Una persona o una comunidad es más o menos vulnerable a estos eventos dependiendo del grado de exposición y la fragilidad hacia ese evento. 

  • El grado de exposición será definido dependiendo de la presencia o cercanía de la persona, especie, ecosistema, infraestructura o activos a los lugares que pueden ser adversamente afectados por la amenaza. Entre más cerca a estos lugares, mayor el grado de exposición. Por ejemplo, las comunidades costeras tendrán un alto grado de exposición a los huracanes y al aumento del nivel del mar.
  • La fragilidad es el grado en el cual un evento afectará negativamente  a una persona, especie, ecosistema, infraestructura o activos. Entre más severa sea la afectación, mayor la fragilidad. Por ejemplo, una especie tiene un alto grado de fragilidad si vive en un ecosistema degradado y sus opciones de alimento y refugio son pocas, ya que su afectación por las amenazas climáticas será mayor. 

Finalmente, la resiliencia es la capacidad de los sistemas humanos y naturales para resistir las situaciones adversas, adaptarse y recuperarse rápidamente, restaurando y trascendiendo la condición previa de vulnerabilidad. Esto se logra por ejemplo, haciendo un análisis histórico de los eventos que han afectado en el pasado a una comunidad y tomarlos en cuenta a la hora de planificar el crecimiento de la misma. 

¿Cómo se relacionan todos estos elementos? ¡Simple! Entre mayor la vulnerabilidad con respecto a la resiliencia, mayor es el riesgo. Entre mayor la resiliencia, menor el riesgo. 

Riesgo    = amenaza x vulnerabilidad 

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          resiliencia

Entonces, si identifico el comportamiento de las amenazas a las que estoy expuesto, analizo los factores que me hacen vulnerable y actúo para disminuir mi exposición y mi fragilidad, disminuiré mi riesgo a las amenazas. En otras palabras, estaría haciendo gestión del riesgo y me estaría adaptando al cambio climático. 

Por tanto, la adaptación al cambio climático se refiere a cualquier acción que reduzca la vulnerabilidad y el riesgo de los sistemas naturales y humanos ante los efectos actuales y esperados del cambio climático, para moderar el daño y tomar ventaja de nuevas oportunidades. ¡Y esto es sumamente importante!

Según el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático 2022 (IPCC por sus siglas en inglés) sobre Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, existe más de un 50% de probabilidades de que el calentamiento global alcanzará o excederá los 1.5ºC en un corto plazo. Conforme esto suceda, se multiplicarán las amenazas climáticas, dada la intensificación de las precipitaciones, las inundaciones, los huracanes, las sequías y el aumento en el nivel del mar. Por tanto, las acciones de mitigación que se tomen para limitar el incremento de temperatura reducirán las pérdidas y daños que los países ya están experimentando. Si por el contrario, no se toman las medidas necesarias para limitar este incremento, se necesitarán mayores esfuerzos e inversión en adaptación. Esto será así hasta que los sistemas ya no puedan adaptarse y los impactos del cambio climático sean irreversibles.

Actualmente, los eventos extremos asociados al cambio climático antropogénico ya han causado múltiples pérdidas y daños a nivel global, tanto a los ecosistemas como a las personas, causando impactos desproporcionados en la salud y la seguridad alimentaria e hídrica de las comunidades más vulnerables como los pueblos indígenas, agricultores de pequeña escala y hogares de bajos recursos y en particular la niñez, personas mayores y mujeres embarazadas. Según este informe, la vulnerabilidad es mayor en lugares con pobreza, retos de gobernanza, acceso limitado a servicios y recursos básicos, conflictos violentos, niveles altos de fragilidad climática y con marginalización ligada al género y/o etnia. ¿Qué tanto puede llegar a afectar esta vulnerabilidad? El IPCC reporta que entre el 2010 y el 2020, la mortalidad de personas debido a eventos extremos como inundaciones, sequías y tormentas fue 15 veces mayor en lugares con alta vulnerabilidad en comparación con los de baja vulnerabilidad. 

Si a la intensificación de los eventos climáticos extremos le sumamos la intervención humana que multiplica el riesgo, como la falta de planificación de los asentamientos humanos y la degradación y destrucción de los ecosistemas terrestres y acuáticos como consecuencia del cambio en el uso de la tierra, el uso irracional de los recursos naturales, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, vemos como la exposición de las personas, de la infraestructura y de los servicios incrementa la magnitud de las pérdidas y daños y las crisis humanitarias que afectan a las poblaciones más vulnerables (actualmente, 3.3 a 3.6 millones de personas viven en condición de alta vulnerabilidad). 

Y es en este contexto que la adaptación al cambio climático se vuelve vital para reducir las vulnerabilidades y aumentar la resiliencia de nuestros países, disminuyendo por tanto los riesgos que el cambio climático está generando sobre nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros ecosistemas. Por ello, la adaptación ha llegado a ser un punto prioritario a nivel de planes, estrategias y políticas a nivel nacional, regional e internacional. Y esto nos lleva a nuestro segundo tema de este cuaderno de estudio, en el cual todas las siglas señaladas serán las correspondientes al idioma inglés. 

Adaptación en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático

Cuando la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC)  entró en vigor en el año 1994, el tema de la adaptación al cambio climático ya estaba presente en sus artículos 2 y 4, aunque el perfil de la mitigación era mucho más alto: 

  • Artículo 2 sobre el Objetivo: El objetivo último de la presente Convención…, es lograr, … la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible.
  • Artículo 4 sobre los Compromisos: 
    • 1b) Formular, aplicar, publicar y actualizar regularmente programas nacionales y, según proceda, regionales, que contengan medidas orientadas a mitigar el cambio climático, teniendo en cuenta las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción por los sumideros de todos los gases de efecto invernadero no controlados por el Protocolo de Montreal, y medidas para facilitar la adaptación adecuada al cambio climático.
    • 1e) Cooperar en los preparativos para la adaptación a los impactos del cambio climático; desarrollar y elaborar planes apropiados e integrados para la gestión de las zonas costeras, los recursos hídricos y la agricultura, y para la protección y rehabilitación de las zonas, particularmente de África, afectadas por la sequía y la desertificación, así como por las inundaciones;
    • 4. Las Partes que son países desarrollados y las demás Partes desarrolladas que figuran en el anexo II también ayudarán a las Partes que son países en desarrollo particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático a hacer frente a los costos que entrañe su adaptación a esos efectos adversos.

Los primeros aires de cambio se dieron en 1996 durante la COP 2 en Ginebra, durante la cual se solicitó a los países reportar los resultados de sus análisis de vulnerabilidad y riesgo a partir de los modelos globales de cambio climático disponibles, así como sus prioridades y necesidades de adaptación a través de la elaboración de Comunicaciones Nacionales

En el año 2001, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) publica su 3er Reporte de Evaluación sobre Cambio Climático, en el cual se hizo evidente que la mitigación por sí sola era insuficiente para combatir la crisis climática. La adaptación al cambio climático empezó a tomar entonces la relevancia necesaria y se comenzaron a diseñar los mecanismos para proveer de apoyo a los países en sus esfuerzos de adaptación, especialmente a los más vulnerables.  

Ese mismo año, en la COP 7 en Marrakech se adopta un paquete específicamente para apoyar a los Países Menos Adelantados (LDCs), el cual incluyó los Programas Nacionales de Acción para la Adaptación (NAPA) donde estos países especifican sus necesidades y actividades prioritarias de adaptación, el Grupo Experto de los Países Menos Adelantados(LEG) para apoyar técnicamente y brindar recomendaciones para la implementación del programa de trabajo en adaptación, y el Fondo para los Países Menos Adelantados(LDCF) como un fondo especial para financiar las actividades establecidas dentro de los NAPAS.  Además, se hizo el llamado a todas las Partes de la Convención a contribuir con financiamiento para proyectos pilotos de adaptación al cambio climático en sectores vulnerables como el hídrico, la agricultura y la infraestructura. Para canalizar estos fondos, se estableció el Fondo Especial de Cambio Climático (SCCF) bajo la Convención y el Fondo de Adaptación bajo el Protocolo de Kyoto.

Durante los siguientes 5 años se generaron una gran variedad de proyectos enfocados en adaptación al cambio climático. Éstos fueron llevados a cabo tanto por los países como por organizaciones de la sociedad civil, la academia y el sector privado, generando una gran cantidad de información relevante. Así, en el 2006 y durante la COP 12 en Nairobi se creó el Programa de Trabajo de Nairobi con el objetivo de que estos conocimientos y experiencias pudieran ser compartidos y de generar colaboración entre las diferentes partes interesadas, mejorando el desempeño de los países en la identificación de riesgos y vulnerabilidades y en la creación de acciones, planes y políticas de adaptación.

En el 2007, dos eventos marcaron las negociaciones: 1) la primera Cumbre de Alto Nivel sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas, en la cual se propuso la construcción de un nuevo acuerdo climático a través de un proceso inclusivo, y 2) la publicación del 4to Reporte de Evaluación del IPCC, en el cual se confirma una vez más que los impactos del cambio climático son inevitables, y que por tanto la adaptación al cambio climático es necesaria, y que los esfuerzos en esta línea deben ser mayores para reducir la vulnerabilidad. Como resultado, durante la COP13 de Bali se adoptó el Plan de Acción de Bali que enmarca un nuevo proceso de negociación enfocado en la implementación de acción cooperativa a largo plazo. Este plan se dividió en 5 categorías: visión compartida a largo plazo, mitigación, adaptación, tecnología y financiamiento. En cuanto a adaptación, propone una intensificación de la acciones en términos de cooperación internacional para apoyar la aplicación de medidas urgentes en los países (especialmente aquellos más vulnerables), de estrategias de gestión y reducción de riesgos, de estrategias de reducción de desastres y pérdidas y daños, del aumento de resiliencia a través de la diversificación de las actividades y de la promoción de sinergias entre las partes interesadas a través de la Convención. 

Para el año 2010 y con el objetivo de que la adaptación al cambio climático fuera priorizada al mismo nivel que la mitigación, se adoptó en la COP16 de Cancún el Marco de Adaptación de Cancún, cuyo objetivo fue el de mejorar las acciones de adaptación en los países para reducir la vulnerabilidad y aumentar la resiliencia, tomando en cuenta las necesidades más urgentes de los países menos desarrollados.  Este marco incluyó 5 esferas: 1. implementación a través de varios mecanismos como los Planes Nacionales de Adaptación (NAP) y el Programa de Trabajo sobre Pérdidas y Daños, 2. apoyo para acceder a los medios de implementación (financiamiento, tecnología y desarrollo de capacidades), 3. enfoque en los principios de perspectiva de género, participación, transparencia e inclusión de las comunidades y ecosistemas vulnerables, 4. participación de todas las partes interesadas, 5. institucionalidad, incluida la creación del Comité de Adaptación. Este último tiene como finalidad prestar apoyo técnico, intercambiar conocimientos, prácticas y recomendaciones, promover sinergias entre las partes interesadas y dar orientación en cuanto al acceso a los medios de implementación. 

Cinco años más tarde llegó París. En el 2015, se adopta en la COP21 el Acuerdo de París, en el cual su Artículo 7 está dedicado por completo al tema de la adaptación al cambio climático

Adaptación al cambio climático: ¿Qué dice el Artículo 7 del Acuerdo de París?

Este artículo reconoce finalmente a la adaptación al cambio climático como un componente fundamental de la respuesta global contra el cambio climático, como forma de proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas. También reconoce que esta respuesta debe tomar en especial consideración a los países en desarrollo y sus necesidades y vulnerabilidades particulares a los efectos de la crisis climática. 

Por tanto, se establece un Objetivo Global de Adaptación (GGA por sus siglas en inglés) el cual según este Acuerdo “consiste en aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible y lograr una respuesta de adaptación adecuada en el contexto del objetivo referente a la temperatura que se menciona en el artículo 2”. Esta referencia al Artículo 2 es importante porque también se reconoce que la necesidad actual de adaptación es considerable y que las acciones de mitigación dirigidas a limitar el aumento de la temperatura en 2ºC o 1.5ºC supone una reducción en los esfuerzos adicionales de adaptación y por ende, en sus costos asociados. 

Con respecto a las acciones de adaptación, se propone que los países implementen el trabajo de acuerdo a sus necesidades y circunstancias nacionales, bajo un enfoque de género, participativo y transparente, guiados por la mejor ciencia disponible y por conocimientos propios de las comunidades locales y pueblos indígenas, involucrando a los grupos y a los ecosistemas más vulnerables. Esta participación deberá alimentar los procesos de planificación, ejecución, monitoreo y evaluación de las políticas y planes de adaptación al cambio climático que los países deben implementar en el marco de la adaptación, con miras además a aumentar la resiliencia de los sistemas naturales y humanos.

Todas estas acciones y planes así como las prioridades y necesidades particulares deberán estar reflejadas en las Comunicaciones sobre Adaptación que las Partes deben presentar a la Convención, ya sea como un componente más de otras comunicaciones o documentos como las NDCs y los planes nacionales de adaptación o como documento en sí mismo. La presentación de estas comunicaciones no debe suponer una carga extra para los países en desarrollo y deberá contar con apoyo internacional para su elaboración. 

Se llama también a incrementar la cooperación entre las partes interesadas para avanzar en la implementación de la adaptación, en especial en los países más vulnerables, a través del intercambio de información, experiencias y buenas prácticas en el desarrollo de los planes, políticas y medidas adoptadas en este tema, del fortalecimiento del trabajo científico sobre el clima que apoye el desarrollo de estas políticas y acciones y de la determinación de las prioridades y necesidades específicas para el contexto propio de cada uno de los países en desarrollo, entre otros. 

Finalmente, indica la necesidad de incluir en el balance global referido en el Artículo 14 del Acuerdo de París (que determinará el avance colectivo en el cumplimiento de este acuerdo)  el reconocimiento a los esfuerzos de adaptación de los países en desarrollo, mejoras en la aplicación de las medidas de adaptación según las comunicaciones nacionales y la evaluación del apoyo prestado.

La adaptación después del Acuerdo de París

Después de un triunfo para el multilateralismo como lo fue la adopción del Acuerdo de París, se pensó que la ambición en torno a las próximas decisiones relacionadas con la adaptación iba a incrementar. Contrario a esto, entre la COP22 y la COP25, no se lograron grandes avances en las decisiones concernientes a adaptación, a pesar de la recurrente demanda de los países en desarrollo con respecto a incrementar su financiamiento, como requisito esencial para poder hacer frente a los efectos cada vez más intensos de los eventos climáticos extremos.  

Cabe destacar que durante la COP 24 del 2018 se estableció el Grupo de Trabajo Facilitador (FWG) de la Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas (LCIPP) creada en la COP21, con funciones específicas en las áreas de conocimiento, desarrollo de capacidades para el involucramiento y políticas y acciones climáticas.  Trabajando mano a mano con los gobiernos, en números iguales y con el mismo rol en la  toma de decisiones, el FWG reconoce el rol de las comunidades locales y pueblos indígenas en aportar soluciones al cambio climático, siendo la adaptación un tema crítico en el desarrollo conjunto de las políticas y acciones producidas bajo esta plataforma. 

Finalmente, en la COP 26 del 2021 en Escocia, se adoptó el Pacto de Glasgow. En éste se enfatiza la urgencia de incrementar los flujos de financiamiento destinados a la adaptación al cambio climático, dado que hasta el momento la gran mayoría del financiamiento climático es dedicado a proyectos de mitigación, que en general se ven como mejores inversiones por su capacidad de retorno económico. Reconoce que el financiamiento debe ser adecuado y predecible así como diverso en cuanto a las fuentes de estos fondos, con mención especial a las instituciones financieras y al sector privado como movilizadores de recursos. Menciona también la necesidad de incrementar el desarrollo de capacidades y de transferencia de tecnología de acuerdo a las prioridades de los países en desarrollo. 

Durante la COP26 se dio un récord en la cantidad de compromisos que los países ofrecieron al Fondo de Adaptación, para un total de $356 millones, tres veces más de lo que se logró durante el año anterior. Por primera vez, Estados Unidos y Canadá como parte de los países desarrollados y Catar como parte de los países en desarrollo se comprometieron a aportar a este fondo. Estos compromisos son importantes porque los recursos que se asignan desde el Fondo de Adaptación son 100% donaciones y no involucran préstamos ni deudas para los países. Asimismo, los países desarrollados se comprometieron a duplicar el financiamiento para los países en desarrollo para el 2025. No obstante, todavía falta mucho para cubrir la cantidad real de dinero necesaria para apoyar a los países en desarrollo pero al menos estos compromisos son señales positivas hacia la dirección correcta. 

El Pacto de Glasgow también reconoció la importancia de las soluciones basadas en la naturaleza y la adaptación al cambio climático basada en ecosistemas como parte vital de los esfuerzos en esta línea. Más de 100 países se comprometieron a detener y revertir la deforestación y la degradación de la tierra para el 2030, representando cerca del 90% de los bosques del mundo. 

Por último, se creó el Programa de Trabajo Glasgow-Sharm El-Sheik (GLASS) sobre la Meta Global de Adaptación. Actualmente, la meta global se encuentra en el primer párrafo del Artículo 7 del Acuerdo de París, la cual se nombró anteriormente en este cuaderno pero que la recordamos una vez más: “consiste en aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible y lograr una respuesta de adaptación adecuada en el contexto del objetivo referente a la temperatura que se menciona en el artículo 2”

Sin embargo, para un gran número de países en desarrollo esta meta es meramente cualitativa y no tiene los indicadores y métricas para hacerla más operativa ni para poder reportar el progreso realizado en el Balance Mundial (GST) a revisarse en el 2023.

Por ello, el GLASS tiene entre sus objetivos el incrementar el entendimiento de la meta global de adaptación, incluyendo sus metodologías, indicadores, datos y métricas, contribuyendo así con el adecuado planeamiento, implementación, revisión y comunicación de los progresos y necesidades de apoyo en adaptación a presentarse en el balance mundial, en las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs) y en las comunicaciones nacionales. El GLASS tendrá una duración de dos años durante los cuales llevará a cabo cuatro talleres. 

En el desarrollo de las negociaciones, la ciencia ha venido jugando un papel cada vez más importante en las posiciones de una gran cantidad de Partes de la Convención, llevando a que la ambición, aunque no suficiente actualmente para alcanzar el objetivo del 1.5ºC, siga incrementando. Se hace entonces indispensable que todas las propuestas y decisiones adoptadas estén guiadas por la mejor ciencia disponible. A inicios de este año, el IPCC publicó su reporte Cambio Climático 2022: Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, por lo que se espera que sea tomado en cuenta como referencia obligatoria durante la COP27. Esto nos lleva a preguntarnos

Adaptación al cambio climático en América Latina ¿Qué dice el reporte del IPCC sobre los riesgos, exposición y vulnerabilidades?

Los riesgos que la ciencia ha determinado para nuestra región latinoamericana son muchos y algunos de ellos ya se pueden observar en nuestro entorno inmediato. Y es que América Latina, siendo una de las regiones más diversas tanto geográfica como cultural y biológicamente, presenta importantes riesgos ante el escenario de una baja o nula adaptación al cambio climático.

Entre éstos destacan los riesgos relacionados con el recurso hídrico. Desde la falta de agua hasta el exceso de la misma, es alto el riesgo de experimentar sequías que disminuyen la disponibilidad de agua para el consumo humano, afectaciones a la salud derivadas del aumento de enfermedades transmitidas por vectores (beneficiados por ambientes más calientes y húmedos) y exceso de lluvias que causan inundaciones y deslizamientos y por ende daños a la vida humana y a la infraestructura. 

En esta misma línea, los fenómenos atmosféricos y desastres naturales son riesgos importantes que amenazan nuestra región. En ese sentido, el aumento significativo en las tasas de intensificación de ciclones tropicales en la cuenca del Atlántico, es uno de los resultados notorios en la actualidad y que continuará en aumento de acuerdo a las variaciones climáticas. Las fuertes lluvias, tormentas, inundaciones, olas de calor y frío se producirán con mayor frecuencia, conforme la temperatura se acerque a los 1,5°C. Esto, de la mano de una intensificación extrema de los fenómenos de El Niño y La Niña a partir de la segunda mitad del siglo XXI de acuerdo al IPCC, impactará asentamientos humanos, la agricultura, las infraestructuras hidroeléctricas y especialmente las comunidades cercanas a los grandes ríos.

El cambio climático también supone riesgos para los ecosistemas terrestres, marinos y costeros de la región, generando la migración de especies, la pérdida de biodiversidad y la pérdida de los servicios ecosistémicos de los cuales dependen millones de personas, causando cambios drásticos en los medios de vida. Asociado a esto, el calentamiento de los mares y su acidificación está causando la degradación acelerada de los ecosistemas marinos, ejemplificado por el blanqueamiento de los arrecifes coralinos y la pérdida de sus especies relacionadas. Asimismo, los glaciares tropicales ya están experimentando una acelerada reducción a partir del calentamiento, los cuales representan la principal fuente de agua para muchas regiones de Latinoamérica, como es el caso de comunidades en Perú, Bolivia y Argentina.

Todos estos fenómenos ponen en riesgo la seguridad alimentaria de la región, situación que generaría un significativo declive económico, así como el colapso de muchos de los medios de subsistencia actuales, como lo son la pesca, la agricultura y el turismo. Las sequías intensas por ejemplo ya han pasado su factura en Latinoamérica: más de 10 millones de personas en la región se vieron afectadas por sequías entre 2012 y 2014 y desde entonces los precios agrícolas han aumentado un 30% y los rendimientos de las cosechas, particularmente de caña de azúcar, café y frutas, han sufrido reducciones del 15 al 40%. Estos impactos en la seguridad alimentaria generados por los eventos hidrometeorológicos, las sequías, la desertificación y el aumento de los incendios en la región (el número de incendios ha aumentado más de un 150% debido a las altas temperaturas y a las condiciones secas) están afectando y seguirán afectando principalmente a aquellas poblaciones más altamente expuestas y vulnerables al cambio climático, amplificando de esta forma la desigualdad y la pobreza. 

Los riesgos asociados al cambio climático se agravan debido a la alta exposición que millones de personas tienen a los efectos del cambio climático en Latinoamérica y de no limitarse el aumento de la temperatura a 1.5°C, esta exposición será cada vez más constante a las inundaciones, precipitaciones extremas, desbordamientos y deslizamientos de tierra. Hoy en día ya estamos viendo migraciones hacia centros urbanos como las que se han dado en Brasil, causando la saturación de estos espacios y la presión sobre los recursos allí disponibles y por ende inestabilidad social. 

Ejemplo de esta exposición son las poblaciones que se ubican más cercanas a los 3800 km totales de costa de la región latinoamericana, quienes tienen un algo grado de exposición al aumento del nivel del mar, junto con la infraestructura y las actividades económicas allí desarrolladas. Frente a este escenario, quedarían expuestas al menos 12 millones de personas. En el caso de las ciudades, el aumento esperado de la temperatura junto a las olas de calor cada vez más frecuentes incrementarán la exposición al calor urbano en la grandes ciudades de nuestra región, tal como ya está sucediendo en Buenos Aires, Sāo Paulo y Río de Janeiro, entre otras ciudades superpobladas y donde una gran cantidad de personas vive en malas condiciones de vivienda, saneamiento y con pocos o ningún árbol que regule estas altas temperaturas.

De este modo, considerando los riesgos y el alto grado de exposición de nuestra región, es posible afirmar que las economías en América Latina son altamente vulnerables al cambio climático. Esto debido a que nuestras economías locales son considerablemente dependientes de recursos limitados y especializados, como las pasturas, la agricultura y la pesca artesanal, así como de los servicios ecosistémicos como la fertilidad del suelo y la calidad y cantidad del agua. 

Otros impactos a la economía se seguirán dando por daños en la infraestructura frente a eventos extremos.  Ejemplo de esto es el caso de Perú en el 2017, cuando las precipitaciones de dicho año dejaron entre 6 y 9 mil millones de dólares en pérdidas monetarias para ese país, considerando las afectaciones a cultivos, carreteras, puentes, viviendas, escuelas y puestos de salud dañados o destruidos. En el caso de Costa Rica, la tormenta tropical Nate de ese mismo 2017 fue el mayor desastre de origen natural en la historia del país. 

Esta vulnerabilidad no se expresa solamente en nuestras actividades productivas, sino también en los ecosistemas de la región. La evidencia científica nos manifiesta sólidamente que los bosques amazónicos enfrentan hoy día una alta vulnerabilidad, y que todo impacto negativo en los bosques se expresa también en un aumento en los niveles de CO2 en la atmósfera del planeta, generando más de los impactos que hemos venido desarrollando en esta sección. 

Y así, sucesivamente se han venido desencadenando los impactos en nuestra región, generando significativos costos por las pérdidas y daños sufridos. Dados los escenarios futuros y llegado este punto, la pregunta más importante no es si es más costoso invertir en adaptación al cambio climático o hacer frente a las pérdidas y daños, sino ¿Cómo cerramos la brecha de financiamiento existente para que Latinoamérica pueda alcanzar los niveles de adaptación necesarios para responder a los impactos y reducir los riesgos climáticos con una visión transformacional a largo plazo? Este y otros puntos deben discutirse en la COP27 de Egipto y deben adoptarse decisiones que reflejen la urgencia, necesidades y prioridades de los países en desarrollo en línea con los escenarios actuales y futuros que la ciencia indica. Esto nos lleva al último tema de este cuaderno de estudio.

Adaptación rumbo a la COP27 de Sharm El-Sheik, Egipto

El tema de adaptación al cambio climático es impulsado fuertemente por los países en desarrollo, tomando en cuenta su alta vulnerabilidad a los impactos del cambio climático. Durante las negociaciones de medio período en Bonn de este año se tocaron varios temas relacionados con adaptación, alcanzándose acuerdos en algunos de ellos mientras que otros deberán continuar su discusión en Egipto para adoptar una decisión.  Vamos a tocar aquí 4 temas principales: 

1. Programa de Trabajo Glasgow-Sharm El-Sheik (GLASS) sobre la Meta Global de Adaptación

Como recordamos, el GLASS tiene como objetivo incrementar el entendimiento sobre la meta global de adaptación, incluyendo sus metodologías, indicadores, datos y métricas. También recordemos que un gran número de países en desarrollo tienen la objeción de que la actual meta global de adaptación especificada en el Artículo 7 del Acuerdo de París es meramente cualitativa y por tanto compleja para ser medida y evaluada. Esa posición es comprensible si se compara con el objetivo de la mitigación que se resume en un número: no aumentar la temperatura más de 1.5ºC. 

No obstante, a diferencia de la mitigación que se mide en términos de reducción de emisiones sin importar el país ni el contexto, la adaptación tiene una naturaleza local. Por ello es que el GLASS no debería simplificar la meta a un índice o número específico sino que debería adoptar una variedad de indicadores cualitativos y cuantitativos que visibilicen las particularidades de las regiones y sectores. También importante es que el lenguaje que se utilice no haga distinción entre países y grupos vulnerables, para no desviar la atención y los recursos solo hacia ciertas regiones. 

Finalmente, a partir de los resultados de los 4 talleres parte del GLASS para este 2022 (el último de los cuales se llevará a cabo en noviembre durante la COP) se deberá definir el tipo de información, los indicadores, los principios y los enfoques que las Partes deben usar para medir, evaluar y reportar los avances sobre la meta global de adaptación. Estos avances también alimentarán al Primer Balance Mundial que se llevará a cabo en el 2023, el cual tiene el importante objetivo de evaluar el progreso colectivo hacia el cumplimiento de los objetivos establecidos en el Acuerdo de París, incluidos los referentes a la adaptación

En Egipto debe entonces salir una decisión concreta sobre cómo se van a presentar los insumos para la Meta Global de Adaptación. El tema es complejo para nuestros países porque hay dificultades técnicas para medir de manera efectiva el impacto de los proyectos de adaptación, tomando además en cuenta la especificidad de cada sector. Se puede medir por ejemplo el porcentaje de cumplimiento de las medidas de adaptación propuestas y cuánto dinero se invirtió  en esas medidas, pero como esto se traduce esto en una reducción de la vulnerabilidad es mucho más difícil. Por consiguiente, esto va a implicar una necesidad importante de recursos humanos y financieros, insuficientes en el contexto Latinoamericano, y estas restricciones también deberán tomarse en cuenta a la hora de tomar una decisión.

2. Programa de Trabajo de Nairobi (NWP)

Este tema no se discutirá en la COP27 ya que durante las negociaciones de medio año en Bonn las recomendaciones brindadas especialmente por los países latinoamericanos quedaron reflejadas en los textos de las decisiones. Estas recomendaciones incluyen asegurar la representación de todas las regiones, mejorando la inclusividad. Esto porque los productos del NWP no se encuentran en idioma español y no ha habido un balance regional en la organización de los eventos, estando más enfocado en el continente africano. 

Es importante entonces que este programa favorezca a todas las regiones por igual para incrementar su impacto en términos de aumentar la transferencia de conocimiento y experiencias en adaptación y mejorar así los planes, estrategias y políticas nacionales. 

3. Planes Nacionales de Adaptación (NAP)

Los NAPs comprenden la hoja de ruta que los países proponen seguir para implementar la adaptación. Es una herramienta para identificar las necesidades de adaptación  y a partir de esto, proponer acciones concretas a mediano y largo plazo, monitoreando y evaluando los resultados para alimentar de nuevo el proceso, por lo cual los NAPs son continuos, progresivos e iterativos. Se concibe como un proceso participativo, transparente, sensible al género y guiado por los propios países (no prescriptivo). Cabe mencionar sobre este último punto, que el hecho de que no exista una prescripción desde la Convención no debe traducirse en una falta de ambición por parte de los países en cuanto a la planificación e implementación de la adaptación. 

Durante las negociaciones en Bonn, tanto el Comité de Adaptación como el Grupo Experto de los Países Menos Adelantados entregaron sus reportes sobre brechas y necesidades de implementación de los NAPs, con miras a que se genere un borrador de decisión para ser discutido y adoptado en la COP27. 

Hay un vínculo muy claro entre las negociaciones de los NAPs y las de financiamiento. El texto que se apruebe durante la COP debe ser contundente en alertar sobre la falta de financiamiento para avanzar en la implementación de la adaptación. Según el reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre la Brecha de Financiamiento en Adaptación del año 2021, los costos de la adaptación son de 5 a 10 veces mayores que el financiamiento existente. 

Aun cuando en Glasgow los países desarrollados hicieron nuevos compromisos al respecto, siguen siendo insuficientes, y los fondos que ya existen son muchas veces difíciles de acceder y ejecutar, y en algunos casos funcionan principalmente como préstamos en vez de donaciones como es el caso del Fondo Verde del Clima (GCF). Esto va en detrimento de las finanzas de los países de Latinoamérica por ejemplo, muchos de los cuales tienen ya una alta deuda externa y están sobrellevando crisis económicas producto de la pandemia y de la inflación. Por tanto, no solo hay que incrementar la cantidad del financiamiento sino la calidad del mismo, que en términos de nuestros países, debe ser en forma de donaciones. E igualmente importante, que este financiamiento tome en cuenta a todos los países que lo requieren.

4. Continuar impulsando la ambición en la mitigación para alcanzar la meta de los 1.5ºC

Es importante aclarar que existe una relación directa entre los objetivos de la mitigación y de la adaptación. El contexto de la adaptación en el Artículo 7 del Acuerdo de París es en el marco de los 1.5ºC – 2ºC. El informe ya mencionado del IPCC de este año nos dice dos cosas muy importantes:

  1. Que los impactos y riesgos del cambio climático se están volviendo más complejos y más difíciles de manejar, ya que múltiples peligros están ocurriendo simultáneamente y los riesgos climáticos y no climáticos están interactuando, de manera que se están dando riesgos compuestos y en cascada. 
  2. Que si el calentamiento excede el límite propuesto de 1.5ºC, los sistemas humanos y naturales enfrentarán severos riesgos adicionales, algunos irreversibles aun cuando posteriormente se llegue a reducir este calentamiento. 

Esto quiere decir que las emisiones de gases de efecto invernadero son la causa de la enfermedad y por tanto la mitigación es el remedio definitivo. Y mientras no haya una disminución en las emisiones significativa, nos tendremos que adaptar a las condiciones imperantes producto de la crisis climática hasta que la adaptación encuentre sus límites y entremos en la zona de las pérdidas y los daños. 

Referencias:

Castellanos, E., M.F. Lemos, L. Astigarraga, N. Chacón, N. Cuvi, C. Huggel, L. Miranda, M. Moncassim Vale, J.P. Ometto, P.L. Peri, J.C. Postigo, L. Ramajo, L. Roco, and M. Rusticucci, 2022: Central and South America Supplementary Material. In: Climate Change 2022: Impacts, Adaptation, and Vulnerability. Contribution of Working Group II to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [H.-O. Pörtner, D.C. Roberts, M. Tignor, E.S. Poloczanska, K. Mintenbeck, A. Alegría, M. Craig, S. Langsdorf, S. Löschke, V. Möller, A. Okem, B. Rama (eds.)]. Disponible en: https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/.

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