La pandemia del COVID-19 nos ha enseñado muchas cosas, incluyendo el cómo pensar en el camino a seguir en la acción climática. 

A medida que el mundo se ha enfrentado a la pandemia de COVID-19 durante el último año, todos hemos aprendido varias formas de combatir la propagación del virus. Los expertos han recomendado todo tipo de acciones que podemos tomar para mantenernos seguros a nosotros mismos y a nuestras comunidades. Desde el distanciamiento social y el lavado de manos hasta el uso de cubrebocas y, eventualmente, la vacunación.

Pero estas recomendaciones a menudo vienen con una advertencia: Ninguna acción por sí misma puede detener la propagación. En cambio, estos pasos funcionan mejor cuando los hacemos todos juntos.

A esto se le conoce como el «modelo del queso suizo» y la idea es muy simple. Imagina unas rebanadas de queso suizo apiladas una encima de otra. Cada rebanada tiene algunos agujeros, pero estos rara vez se alinean entre sí, así que cuando se apilan, las rebanadas forman un bloque que no se puede atravesar.

En otras palabras, aunque ninguna táctica por sí sola detendrá la propagación del virus, cada acción de mitigación que tomamos agrega una capa de protección para todos nosotros. Cuando tengamos suficientes capas, podremos resolver la crisis.

Y esta misma filosofía es válida para la crisis climática.

En los círculos climáticos, a menudo escuchamos debates sobre la acción climática individual frente a la necesidad de una acción colectiva ambiciosa. Los defensores de la acción individual a veces señalan que medidas como el estilo de vida “Residuo Cero” y la reducción de la huella de carbono son ejemplos alcanzables de acción directa que todos podemos tomar de inmediato para combatir la crisis climática. Por otro lado, los partidarios de la acción colectiva enfatizan que la escala de la crisis exige usar el poder de grandes coaliciones para lograr un cambio en toda la sociedad.

En vista de una crisis climática que empeora y una necesidad cada vez mayor de tomar medidas urgentes, puede ser tentador enfrentar estos dos conceptos entre sí, pero si miramos el modelo del queso suizo, veremos una perspectiva diferente.

La acción climática individual es un componente fundamental para resolver la crisis climática, y también lo es la acción colectiva. Ninguna de las tácticas por sí sola nos llevará al futuro sostenible que merecemos, pero cuando los vemos como métodos superpuestos en los que cada uno tiene diferentes agujeros podemos trazar un camino hacia la sostenibilidad.

¿Eliminar los plásticos de tu vida diaria? Es una capa que ayudará a nivel individual. ¿La implementación de una red de energía climáticamente inteligente para acelerar la transición a energías limpias? Es una gran capa de acción colectiva. ¿La elección entre el transporte público o vehículos eléctricos? Es otra capa individual importante ¿La aplicación de una legislación ambiciosa para limitar las emisiones mediante el cambio a fuentes de energía renovables? Es una capa colectiva fundamental.

No existe una fórmula mágica para resolver la crisis climática y, como han señalado otros, tampoco existe una vacuna , pero existen soluciones a nuestro alcance. El debate sobre la acción individual frente a la acción colectiva es una clara señal de que estas soluciones son numerosas y variadas, y demuestra que estamos listos para actuar. No deberíamos verlas como ideas opuestas sino como capas complementarias de acción que podemos tomar juntos.

Porque la crisis climática es demasiado grande y demasiado urgente como para ser resuelta con una sola táctica, pero puede, y será, resuelta. Y las lecciones que hemos aprendido de la pandemia de COVID-19 pueden ayudarnos a llegar ahí.