Refinerías, combustibles fósiles y crisis climática

Artículo escrito por Mónica Valtierra

“¿Cómo hacer que la tecnología trabaje para nosotros, y no contra nosotros, especialmente cuando hay que resolver desafíos urgentes como el cambio climático?” – B. Obama.

 

En 1911, México se convirtió en el cuarto país exportador de petróleo en el mundo, durante diez años mantendría esta posición de que daría un impulso al desarrollo del país, sin embargo, a principios de 1920, las ventas de petróleo comenzaron a sufrir fluctuaciones por lo que el país se vio en la necesidad de incentivar el consumo de productos petrolíferos en el mercado interno, esto, de la mano del desarrollo industrial de país y de la vanguardia tecnológica a nivel global, particularmente en el consumo de productos que usaban gasolina y combustóleo para funcionar como los automóviles.

Durante estos primeros años de expansión de la industria petrolera, la inversión y ganancia se concentraban mayoritariamente en empresas extranjeras y así fue hasta 1938, cuando se llevó a cabo la expropiación petrolera que dio lugar a la creación e instauración de Pemex y del Sistema Nacional de Refinación, la expropiación puso en las manos del estado mexicano todo lo relacionado a la extracción de petróleo y su transformación, en especial de combustibles ya que era el producto de mayor consumo entre la sociedad.

En este sentido, entre 1946 y 1979 se construyeron seis refinerías en el país, distribuidas en Azcapotzalco (CDMX), Salamanca (Guanajuato), Minatitlán (Veracruz), Tula (Hidalgo), Cadereyta (Nuevo León) y Salina Cruz (Oaxaca). Desde entonces, la industria de la refinación para transformar crudo en gasolina y diésel, tuvo un periodo de crecimiento a partir de 1993 y hasta 2009, año en el que la producción sufrió una caída considerable, lo que se traduce en un incremento sobre la necesidad de comprar estos productos de otros países y que, en palabras de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle, se debe a que las seis refinerías mexicanas trabajan a un promedio de 38% de su capacidad.

 

Caída y panorama de la producción de combustibles

 

Es justo esta caída sobre la producción lo que incide en que el gobierno centre las decisiones de política e infraestructura pública de Pemex basándose en dos aspectos centrales: la dependencia del país en la importación de combustibles y garantizar la seguridad energética del territorio.

Del primero es posible inferir la necesidad de producir la cantidad de combustible que demanda la población mexicana, de ahí que se desprenda la conclusión del gobierno de modernizar las refinerías e incluso construir nuevas para pagar menos por su adquisición e incluso llegar a vender al extranjero. Del segundo, a grandes rasgos, se entiende que el país requiere cubrir todas las necesidades de consumo energético (desde luz en los hogares hasta uso de transporte) por medio de fuentes nacionales.

Respecto al segundo punto, la seguridad energética no es sinónimo de extraer y transformar el petróleo en otros productos como gasolinas, lo que si significa es que existen tecnologías que nos permitirían alcanzar esa seguridad y cubrir todas nuestras necesidades y demanda energética de forma más sustentable tanto en temas económicos y ambientales, esas tecnologías son las que aprovechan fuentes renovables y limpias para generar energía.

Impactos de la inversión en combustibles fósiles

 

En este punto vale la pena hacer una pausa para vincular ambos aspectos con un concepto que cada día gana más popularidad en un mundo: los activos varados[1]. Un activo varado es toda aquella reserva de hidrocarburos (carbón, gas y petróleo) que ya no podrán ser usados debido a que su extracción y transformación será cada día más costosa en comparación con las fuentes renovables. Por ejemplo, en México, la producción de un kilowatt hora de una granja solar es de 0.42 pesos, mientras que de una carbonífera es de 1.11 y una termoeléctrica de 0.77, por ello es necesario comenzar a hacer inversiones en energías renovables con una visión a corto y largo plazo.

Si una empresa, como Pemex, decide invertir en incrementar su producción, a largo plazo contará con más activos varados y, por lo tanto, la inversión inicial perderá su valor e incluso podría provocar la bancarrota de la empresa, incrementar los subsidios recursos gubernamentales que se le asignan e incluso, desestabilizar las finanzas nacionales. Por eso, es necesario que, para garantizar la seguridad energética del país, la paraestatal diversifique su portafolio en cuanto a sus fuentes generadoras de energía y que México comience a voltear hacia tecnologías limpias, menos dependientes de los combustibles.

Además de los riesgos económicos, existen otros costos que a veces no son tan evidentes como el daño ambiental asociado a sus actividades y las afectaciones sociales de las regiones en donde se instalan, un ejemplo de esto es el plan de construir una refinería en Dos Bocas. El proyecto plantea soluciones inmediatas y a corto plazo en puntos como la generación de empleo, flujo de capital en la región de Tabasco y producción de combustibles para disminuir las importaciones de este producto al extranjero.

No obstante, no se han analizado o no se conocen de manera clara y transparente cuáles serán los beneficios y los impactos negativos de su construcción a largo plazo ya que, el proyecto requerirá de recursos naturales de la zona como agua, tierras para caminos e infraestructuras_ generará emisiones contaminantes por su funcionamiento, e incrementará la dependencia de México en los combustibles fósiles.

Ante este panorama, si México quiere garantizar su seguridad energética y alcanzar las metas de mitigación a las que se ha comprometido internacionalmente por medio del Acuerdo de París, requiere tomar decisiones estratégicas que respondan a las necesidades de demanda de combustibles fósiles pero por medio de una política integral que permita transitar hacia la generación y uso de energías limpias y renovables con menor impacto ambiental y mayor inclusión social, considerando que la industria de energías limpias es una tendencia global a la alza en cuanto a inversiones y costos de producción.

 

¿Qué puedes hacer tú?

  1. Mantente informado sobre las principales decisiones hechas por el gobierno con respecto a la industria de refinación, puedes leer las noticias en portales de internet, seguir por redes sociales a funcionarios de Pemex, la Secretaría de Energía y el Instituto Mexicano del Petróleo.
  2. ¡Participa! Puede ser en consultas ciudadanas, en movilizaciones como FridaysForFuture o expresa tu opinión sobre la necesidad de transitar a una industria de generación de energía más limpia con tus grupos sociales cercanos o en redes.
  3. Reduce tu consumo de combustibles fósiles puede ser usando menos y de manera más eficiente el auto particular, trasladándote en bici o transporte público, entre otras opciones. Puedes revisar nuestros artículos sobre transición energética y uso de gasolina y diésel para combatir el cambio climático.

 

Comparte el siguiente mensaje para que más personas aprendan sobre el tema: Yo también quiero seguridad energética en México y quiero que sea limpia, renovable y sustentable #energíaVScambioclimático

[1] Para más información sobre los activos varados te recomendamos visitar los siguientes sitios:

LSA. What are stranded assets? http://www.lse.ac.uk/GranthamInstitute/faqs/what-are-stranded-assets/

IADB. Stranded Assets: A climate risk challenge. https://publications.iadb.org/en/publication/12597/stranded-assets-climate-risk-challenge